Ultimo Comentario

Que satisfacción mas grande tengo de ...

26/04/2015 @ 11:13:57
por del Pino


No me dedico a labores sociales ...

20/04/2015 @ 10:04:38
por Maria


Muy bien descritas las escenas escatológicas....podía ...

11/02/2013 @ 16:12:36
por Perez


Genial! Esperando el tercer capitulo para ...

27/01/2013 @ 19:47:23
por Lazaro


Maravilloso! Me encanta cómo transmite la ...

03/08/2012 @ 14:49:45
por Pérez


Calendario

Octubre 2017
LunMarMierJueVierSabDom
 << < > >>
      1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
3031     

Anuncio

¿Quién está en línea?

Miembro: 0
Visitante: 1

rss Sindicación

VÍCTOR FERNÁNDEZ (2º Capítulo)



2.    ELENA



-          Ja ja, que cara, ¿Estabas mirando porno a estas horas y en la oficina?, ¿Qué tal está Luis hoy?, ¿Tranquilo o agitado? - Dijo mientras mostraba su mejor sonrisa. En realidad, su única sonrisa. Más en realidad aun, su única pose posible. Ella siempre sonreía de aquella manera, era inimaginable otro gesto en aquel bello rostro.

 

Elena, la culpable de aquel tremendo susto, era una de las compañeras de Víctor. Habían comenzado a trabajar juntos allí hacía 5 años, aunque en puestos distintos. Él era “supervisor de cuentas”, algo así como el 2º de la oficina, tras Luis, mientras que ella tenía un puesto (y un salario) más bajo. Víctor estaba convencido de que se debía a un claro caso de discriminación por sexo. Elena era inteligente, aplicada, guapa, simpática y dulce. Esa era la palabra que mejor la describía, dulce. Era la dulzura personificada. La última persona que te imaginas que pueda darte un susto como el que acababa de recibir. Un susto que había hecho que cerrase la página del explorador.

 

“¿Qué puede significar que otra persona haya soñado algo tan parecido a lo que he soñado yo?, ¿Lo he leído de verdad?, ¿Lo he soñado de veras?, ¿Serían realmente tan parecidos el sueño de esa persona y el mio?, ¿Será algo corriente que distintas personas tengan sueños tan parecidos?, en cualquier caso, ¿Qué significado puede tener el maldito sueño?”.

 

 

8:12, suena el teléfono, llamada interna. Ahora el abanico de posibilidades está más abierto. Ya se incorporó el resto del personal, 7 personas además de él y Luis. Quizá le llamaba Carmen, 24 años, en prácticas desde hacía casi un año, morenita, delgadita, bien proporcionada. Quizá había decidido llamarlo tras sucumbir a sus encantos (que alguno tendría, pensaba él) y proponerle una cita.

 

-          Buenos días.- Respondió cortésmente al teléfono.

-          Buenos días por tercera vez en 20 minutos, Víctor – Era Luis nuevamente – Quería saber si habías comenzado a imprimirme los informes que te pedí. Me gustaría analizar contigo la posibilidad de crear nuevas relaciones entre los valores reales de mercado de cada listado y bla bla bla bla… - desconexión.

 

“Hola Víctor, soy Carmen, me preguntaba si te gustaría que quedáramos para tomar una cerveza al salir del trabajo. Mi compañera de piso está fuera y me siento muy sola y necesitada de cariño y amor….”

 

-          ¿Lo has entendido? – Gritó Luis a través del teléfono.

-          Sí sí, no se preocupe, entendido. – Contestó Víctor de vuelta a la realidad - En 10 minutos lo tiene usted encima de su mesa.

 

“Estos son los sueños que podrían hacerse realidad, una chica joven guapa y deseosa de cariño y amor, y no un grupo de hombres feos (¿Y qué mas da que fueran feos o guapos?) leyendo la biblia en la penumbra de una iglesia”.

 

-          ¿Quieres que te eche una mano? – Le dijo Elena acercándosele desde atrás.

 

Otro respingo. ¿Es qué Elena era incapaz de hacer ni el más mínimo ruido al acercarse a la mesa de Víctor?, ¿Tan “dulce” era?, ¿Descendería directamente de alguna vieja estirpe de Elfos? Belleza no le faltaba, desde luego.

 

-          Gracias, es Luis, quiere que le imprima unos informes. – Contestó Víctor.

-          Dale, te echo una mano. – Insistió ella.

-          ¿No tienes nada que hacer? – Le dijo él lo más delicadamente posible.

-          Sí, claro, pero puedo perder un par de minutos y sacarte del apuro. No me gusta verte así de estresado. – Elena no podía dejar la ocasión de ayudarle.

 

Ella era así. Entregada. Adorable. Deseable. Pero no deseable en el aspecto físico, que también, más bien deseable en el sentido “quiero que me cuide el resto de mis días, aunque ello me obligase a llevar una vida entregada al celibato”.

 

-          Víctor, ¿Qué haces luego? Es jueves, podríamos llegarnos a La Gamba a tomar unas cervezas. Hoy es el día de la tapa, ¿Qué dices? – Dijo Elena mientras le ayudaba a imprimir los informes.

-          ¿Qué puedo decir?, vamos, claro. – No se podía rechazar un plan así.

 

18:10. Elena sigue en el aseo. ¿Qué harán estas mujeres tanto tiempo en el baño? ¿Tan grande tienen la vejiga? Víctor aprovechó para fumarse un cigarro. Era el primero del día, lo que le proporcionó un suave viajecito. Víctor se consideraba un exfumador intermitente (término que jamás aceptaría ninguna academia de la lengua). Podía pasar días y días sin fumar, pero cuando le apetecía, tenía que fumar fuera como fuese. Ese día había sido bastante estresante y completito. Además de ser casi final de mes, el día siguiente sería viernes, día “casi no laboral”, al menos para los jefecitos que esperaban sus informes y sería 28, por lo que se podía afirmar que ese jueves, día 27 de Junio, era en realidad el último día del mes. No tuvo tiempo para tomar el café, y para el almuerzo solo se comió un sándwich que le trajo, como no, Elena. Si no fuera porque trataba a todos de la misma manera, pensaría que ella tenía algún interés en él…. Eso era imposible. Una chica como ella nunca perdería el tiempo con alguien como él.

 

“¿Por qué entonces quiere quedar conmigo?, ¿Me resulta raro porque ella es fémina?, ¿Me resultaría raro que un colega masculino me dijera de ir a tomar unas cervezas acompañadas de deliciosas tapas?, ¿Estaba sometiendo a la dulce Elena de nuevo a discriminación por sexo?, a una persona tan dulce, incapaz de hacer sufrir mínimamente a nadie”.

 

Eso le recordó el sobresalto que le dio esa mañana. No había tenido tiempo de pensar en ello en un día como ese. Decidido, cuando llegara a casa, buscaría de nuevo en google aquel enlace donde alguien contaba un sueño similar al suyo.

 

-          Ya estoy, ¿Vamos? – Dijo Elena abriendo la puerta de cristal.

-          Sí claro, espera que entro a despedirme de Luis.

 

Durante una hora caminaron tranquilamente por la parte peatonal de la ciudad. La llegada del buen tiempo había animado a la gente a salir a pasear. La calle tenía un bonito ambiente. Familias al completo, estudiantes, parejas ancianas, solitarios. Todos se unían en un desordenado río de seres humanos. Al fin llegaron a su destino, Tapería La Gamba y, con un poco de suerte, encontraron sitio en la terraza sin necesidad de esperar. Era temprano aun. Pronto sería imposible encontrar una mesa libre y tendrías que esperar 30 minutos o más para encontrar un hueco. Se sentaron. Ahora, después de una hora hablando de los más variados temas, desde el trabajo a anécdotas infantiles, había comenzado unos de esos largos silencios que se hacen incómodos solo si tienes la necesidad de hablar con la otra persona para sentir que el vínculo que te une a ella sigue activo.

 

-          ¿Por qué eres así Elena? – le espetó Víctor con su delicadeza natural.

-          ¿Por qué soy cómo? – Dijo algo sorprendida Elena.

-          Ya sabes, tan dulce y tan amable.

-          No sé, soy así, ¿Qué puedo decirte? Me gusta ser así. Me siento bien de esta manera. No sé como explicarte.

-          No, perdona si fui brusco. Yo… A mi me encanta como eres… - Dijo con la mayor sinceridad Víctor.

 

-          ¿Me vas a pedir matrimonio?, mira que los Jueves no suelo aceptar peticiones de ese estilo – Dijo ella echándose a reír. Pero no de él. Se rio de una manera tranquila, natural, como disfrutando del momento de complicidad causada por la broma.

-          No es eso. Bueno, verás, si quieres, te lo pido – ahora rieron los dos.

-          Buenas tardes, ¿Qué van a tomar? – Les interrumpió un camarero pulcramente vestido todo de blanco.

-          ¿Cerveza para los dos? – Preguntó Víctor.

-          Me parece bien, ¿Pedimos una jarra?, ¿Dejaremos que se caliente? – Pareció retarle Elena.

-          No, no se calentará, me muero de sed, no le daré tiempo para calentarse. – Ahora Víctor se dirigió al camarero – Traiga una jarra de cerveza y las dos primeras tapas, por favor.

 

El camarero se marchó y en menos de 30 segundos apareció con la jarra de cerveza y las dos jarritas individuales. ¿Acaso sabía que pedirían una jarra de cerveza y la tenía preparada? A Víctor le fascinaba la excelente coordinación de los camareros de algunos restaurantes, bares o cafeterías; “-Buenos días, -¿Qué va a tomar?,- Café solo, -¿Cómo éste?, - ¡¡Coño, que susto!!, ¿donde lo tenía guardado?, ¿Le cabe una cafetera en la manga?, ¿Cómo pueden ser algunos camareros tan clarividentes y otros tan desesperadamente lentos”.

 

Elena agarró la jarra y comenzó a verter la cerveza en la jarrita de Víctor inclinándola de tal modo que produjera la espuma justa y necesaria. Luego se sirvió su propia jarrita de igual modo. Cuando hubo terminado, él le dijo.

 

-          Empiezo a pensar que soy la mujer en este matrimonio. – De nuevo rieron juntos.

-          ¿Qué querías decir cuando me preguntaste eso, Víctor?

-          No sé Elena. Normalmente, las personas piensan principalmente en ellas. No es que sean malas o malintencionadas, pero sin duda priorizan sus necesidades, por decirlo de algún modo, a la de los demás. Eso lo he visto toda la vida, en todo tipo de personas, buenas, malas y regulares. Sin embargo tú…- se interrumpió Víctor

-          ¿Sin embargo yo….? – Preguntó Elena.

-          Sin embargo tú pareces una santa.

-          Bueno, una santa no – Otra vez aquella dulce risa contagiosa – Las chicas no vamos contando por ahí nuestras aventuras y conquistas, pero te confesaré algo: - Adoptó un tono de confesión – Víctor – Pausa dramática – no soy virgen.

-          Vaya, pues yo sí – De nuevo rieron con complicidad.

 

Víctor pensó que si a Elena le quitaba esa sonrisa, el pelo (rubio oscuro) largo, ese bonito cuerpo y los tacones, sería un amigo estupendo.

 

-          No sé que decirte. Sé que a veces puedo ser empalagosa. – Elena retomó la conversación donde la habían dejado.

-          Niña, yo no te he dicho que seas empalagosa, ni mucho menos. – intentó disculparse él.

-          Ya lo sé, te he entendido. – Elena hizo una pausa - Aun así, a veces tengo la sensación que puedo resultarlo. Pero, ¿Sabes qué?, me da igual. ¿Quieres que te confiese una cosa?

-          ¿Tiene que ver con tus preferencias sexuales?

-          No. – Dijo con voz tajante, pero divertida.

-          Entonces no – Nuevas risas.

 

Justo en ese momento llegaba el camarero con las dos primeras tapas para cada uno (“jarras igual a cuatro tapas, vasos igual a solo una tapa”). La primera era un clásico: Papas rabiosas, ideadas para hacer que tengas que pedir 5 cervezas más para rebajar el picante. Aun siendo así, estaban muy buenas. La segunda, algo más elaborada, berenjenas gratinadas.

 

-          Sé que lo normal es que te guste coger tu dinero, ir unos grandes almacenes y comprarte ropa, zapatos o lo que sea. – Comenzó a explicar Elena - O mirar catálogos por internet y comprarte ese bolso que “siempre quisiste tener”, o sea, “que siempre, desde hace un rato, quisiste tener”.

-          Yo no uso bolso Elena, ¿No te habías dado cuenta? – Le interrumpió de nuevo Víctor.

-          Pues te quedaría genial. – Dijo ella poniendo una mirada como visualizando el conjunto bolso-Víctor - Bolso rosa, sin duda.

-          ¡¡¡Seguro!!!, uno rosita. – más risas.

Elena continuó explicándose:

-          Bueno, eso es lo normal, o al menos, lo habitual. Pero a mi no me produce ninguna satisfacción hacerlo. Dicen que lo normal es que en esta sociedad consumista, la satisfacción por el hecho de comprarte algo dure solo unos minutos, ¡pero es que a mi no me dura nada! Sin embargo, cuando llega el cumpleaños de cualquier persona, por ejemplo, y busco un regalo para esa persona, durante los dos o tres días previos disfruto fantaseando con qué le voy a comprar. – Elena bajó el tono, parecía estar explicando sentimientos íntimos - ¿Qué puedo comprarle a esa persona en concreto que le haga ilusión, que le haga pensar “me siento querido por recibir un regalo así”?. Y luego, los días siguientes a dárselo, fantaseo con que haya significado algo importante para él, que sea algo que necesitaba y que no esperaba recibir

-          Mira, algo que tenemos en común, a mí también me gusta fantasear con personas del sexo opuesto. – Bromeó Víctor.

-          Ya, pero yo fantaseo con personas con ropa. – Devolvió hábilmente Elena.

Esta vez el alcohol había contribuido a las risas. Habían terminado con la primera jarra y las primeras tapas, pidieron otra ronda, y el camarero les volvió a sorprender por la rapidez con la que les trajo la segunda jarra. Si llevara un sombrero de mago, pensó Víctor, seguramente, sacaría las jarras directamente de allí.

-          Creo que te entendí. –Cortó el silencio Víctor - Se llama empatía.

-          Puede que sea empatía, pero prefiero pensar que no lo es. No me pongo alegre porque la otra persona esté alegre: Eso sería empatía. – Hizo una pausa y continuó – Digamos que me pongo directamente en el lugar de la otra persona. Creo que se llama “Teoría de la Mente”. Es un poco distinto a la empatía. La empatía no tiene en cuenta que todos somos distintos, por lo que es más difícil, por decirlo así, sentir alegría por la alegría de otra persona, pues normalmente nos ponemos alegres por cosas distintas. La Teoría de la Mente tiene en cuenta que la otra persona no es exactamente como nosotros, sino que tiene preocupaciones y gustos diferentes; nos ponemos, digamos, en su lugar. Mientras que la empatía es más como un vínculo transitorio común entre dos personas.

-          Filosofía, cerveza, tapas, le falta el sexo para ser una noche inolvidable. – Ataque de Víctor

-          De acuerdo, acostémonos. – Soltó seriamente Elena. Tan seriamente lo dijo que a Víctor los efectos de las cervezas le desaparecieron inmediatamente.

-          ¿En serio?, nunca pensé que fueras tan fácil de emborrachar. – Por segunda vez ese día Elena había conseguido llevar a Víctor al borde de un colapso general.

-          Sí, en serio, acostémonos, pero cada uno en su cama. - Y rompió a reírse nuevamente.

Sentía tranquilidad e inseguridad al mismo tiempo cuando estaba con Elena. Era tan genial estar con ella, y tan realmente fácil meter la pata (aparentemente). Cualquiera de estas bromas en un momento inadecuado podía dar al traste con una relación tan auténtica y agradable. Sí Elena fuera un hombre, no tendría estas preocupaciones.

-          Había un filósofo que decía que para entender bien una situación podemos usar dos técnicas. - Elena continuó su explicación - Mirarnos a nosotros mismo desde algún punto exterior, de forma que veamos nuestros actos de una manera imparcial, o meternos en la piel de la otra persona, para ver como le afectan nuestros actos o el mundo que le rodea. Lo siento, nunca fui muy empollona y no recuerdo quien lo dijo ni como se llamaban esas teorías. Solo se me quedaron grabadas las ideas.

Y entre risas y cervezas se acabó la noche. Cuando Víctor se metió en su cama, solo y algo mareado por la cerveza, aun resonaban estas palabras de Elena en su cabeza. Se durmió en seguida. No sabía que en las próximas 24 horas su vida daría un giro radical.

 

Escrito por: Jose

Ilustración: El Gran Gaby.
23:47:20 . 26 En 2013
Admin · 791 vistas · 1 comentario

Vínculo permanente hacia el artículo completo

http://esposible.hazblog.com/Es-posible-b1/VICTOR-FERNANDEZ-2-Capitulo-b1-p15.htm

Comentarios

Comentario de : Lazaro [ Visitante ] Sitio web
Genial! Esperando el tercer capitulo para ponernos manos a la obra!
   27/01/2013 @ 19:47:23

Escribir un comentario

Estatuto de los nuevos comentarios: Publicado





Se mostrará tu URL


Por favor introduce el código contenido en las imágenes.


Texto del comentario

Opciones
   (Salvar el nombre, el mail y la URL en los cookies)