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VÍCTOR FERNÁNDEZ (3º Capítulo)



3.    LA LLAMADA

 

-          Tienes que entender el verdadero significado de cada frase, fuera del contexto histórico en el que están contadas. Piensa que se escribió para ser estudiada durante miles de años, para que transcurrido ese tiempo su significado continuara siendo el mismo.

El hombre de su derecha le intentaba explicar, con palabras ahora claras, clarísimas, el significado de algunas de las frases que discutían esa noche los hermanos (porque Víctor había escuchado que se llamaban “hermanos” entre ellos).

En un momento, algo cambió. Ya no estaba en el interior de la iglesia. Estaba en el campo. Era de día, hacía una buena temperatura. Un bonito paisaje. Daban ganas de gritar. Intentó gritar, pero ningún sonido salió de su boca. Ningún sonido ni NADA. No podía respirar. Algo obstruía su garganta. Notaba como se movía. “Es algún bicho asqueroso. Por eso prefiero vivir en la ciudad, allí te pueden atropellar, acuchillar, disparar, robar, violar y mil cosas más, pero no hay bichos, o al menos hay muchísimos menos que en el campo”.

La asfixia dejó de ser una mera anécdota cuando se dio cuenta de que, si no respiraba, seguramente moriría. Intento escupir fuera lo que fuese lo que estaba alojado en su garganta empujando desde su estómago. Una vez, dos veces, la tercera pondría toda su fuerza en ello.

Víctor se despertó, y como de un acto reflejo se tratara corrió hasta el wáter para vomitar. Allí estaban los trocitos de berenjena, la espumita de la cerveza, el tomate del magro, y otros restos de comida que prefirió no reconocer. En unas cinco sacudidas había vaciado su estómago. Desconocía que pedacito de aquella comida hacía el papel de bichito en su sueño.

“Mierda, estoy viejo. ¿Cuántas jarras pedimos?, fueron solo 3, y Elena tiene la capacidad cervecera de un camionero alemán. Sería algo que me sentó mal de la comida. Raro rarísimo. Por la mañana le preguntaré a Elena si a ella le sentó mal también”.

Víctor se refrescó la cara con abundante agua y aprovechó para vaciar su vejiga. Ahora no tenía cuerpo para ojear la revista mientras lo hacía, así que intentó recordar los máximos detalles posibles del sueño que acababa de abandonar. No, el del bicho en la garganta no, el anterior.

Esta vez si entendía a los “hermanos”. Bueno, en realidad, solo recordaba haber visto y escuchado al que tenía a mano derecha, aunque sentía que los demás estaban completando un círculo, como en el sueño de la noche anterior.

Volvió a la cama. Consultó el despertador: las 3:30h. Tres horas escasas por delante para dormir. Pidió al innombrable que le permitiera dormirse pronto, y no quedarse dándole vueltas a algún problema banal, o analizando alguna estúpida cuestión filosófica.

Tuvo suerte, enseguida se quedó dormido. Y tuvo más suerte aun, comenzó un nuevo sueño, y esta vez con Elena. No solía tener sueños eróticos con Elena, y esta vez tampoco fue uno de esos sueños. No tuvo tanta suerte.  No sabría decir donde estaban, pero parecían solos, perdidos, en medio de una multitud en blanco y negro. Como si no formaran parte de aquel remolino de personas que se apretujaban. Intentaban mantenerse unidos agarrándose fuerte las manos. El movimiento de las demás personas los estrujaba, amenazaba con cortar esa línea de vida que parecían ser sus manos unidas. Víctor le gritó “Acércate más, o te perderás”, ella le contestó, “¿Me perderé yo o te perderás tú?”. Él quiso preguntarle porqué había dicho eso. No había ningún deje de sorna o humor en sus palabras. Lo que Elena le preguntó le había asustado por alguna razón. Intentó gritarle, por encima del murmullo general, preguntarle que había querido decir con eso, pero de nuevo las palabras no le salían de la boca. De nuevo aquella sensación de impotencia. Y de nuevo aquella otra sensación de asfixia.

Unos brazos le rodeaban desde atrás la cara y le tapaban la boca. Luego otras manos, y otras más. No podía respirar, casi no podía ver en aquella nube de manos extrañas. En ese instante soltó la mano de Elena para intentar liberarse de aquellas otras que le estaban haciendo imposible respirar. Entonces, por un momento, lo vio claro. Elena luchó con todas sus fuerzas por volver a sujetar la mano de Víctor, pero él no podía distraer sus propias manos, tenía que intentar liberarse, ¿De qué servía seguir agarrado a Elena si no podía sobrevivir a aquel estrangulamiento colectivo? Eligió intentar vivir. Pero ni con todas sus fuerzas pudo desasirse de ni una sola de aquellas manos que lo aprisionaban. Y repente, sintió frío, mucho frío. Empezó a tiritar. Más que tiriteras, eran convulsiones.

Piripipi, piripipi.

“Bendito despertador, que acudes en mi salvación cuando más te necesitaba”.

Víctor no necesitó más avisos de su despertador. Por primera vez en muchos meses, se despertaba a la hora prefijada. Permaneció unos instantes sentado al borde de la cama. Enseguida volvió a tiritar, pero esta vez en “modo despierto”. No era un sueño, se moría de frío. “¿Por qué tengo tanto frío?”.

Se toco la frente. Fiebre. Eso explicaba las tiriteras y el estado de desorientación en el que se encontraba. Buscó el termómetro en el cajón de su mesita de noche. 39º. “Genial, fin de semana y yo con fiebre. Encima fin de mes, no puedo faltar al trabajo hoy”.

Como pudo se levantó y fue al baño. Mientras vaciaba el poco líquido que había filtrado su cuerpo en las últimas 3 horas, se dio cuenta de que la noche anterior había manchado el suelo del baño con restos del “Festival de la tapa de La Gamba”. Fue a la cocina a por la fregona. Seguía mareado. No, no podía salir a la calle en ese estado, y menos aun ir a la oficina. Solo pensar en la camisa, la chaqueta y la corbata oprimiéndole la garganta en ese estado febril en el que se encontraba le hacía sentir náuseas de nuevo.

Se metió un chute de analgésicos. Decidió que esperaría hasta las 8:00 y llamaría a Luis para explicarle su situación y pedirle permiso para ausentarse. Así que volvió a la cama con la esperanza de dormir una horita más. Quizá se levantara un poco mejor y pudiera llegar a la oficina a las 9:30. Eso era mejor que quedarse en casa enfermo, desde luego. Al menos así vería a Elena.

Elena. Había soñado con ella. Sí, recordaba como ella intentaba agarrarle la mano que él pretendía usar para liberarse de quienes fueran que lo agarraba. Así fue entrando en una ensoñación, sin llegar a dormirse completamente. Su cerebro le transportó de un lugar a otro en una inexplicable sucesión de asociaciones de ideas sin sentido. En ese estado de seminconsciencia (cualquier testigo imparcial podía asegurar que ese era el estado habitual de Víctor) llegó hasta las 8:00, y en ese estado se sorprendió intentando apagar el despertador sin abandonar el último pensamiento al que le había llevado aquella estúpida asociación de ideas que le era imposible concebir. Se encontraba en la iglesia. De alguna manera había relacionado el sueño de Elena, la dulce Elena, y el de la iglesia, las biblias y todo lo demás. Demasiado tarde. La conexión, si alguna vez hubo una conexión mínimamente coherente entre ambos sueños, había desaparecido.

No perdió tiempo. Tenía que hablar con Luis. Buscó su móvil. Sin batería, genial. Fue al salón y utilizó el fijo para llamar a la oficina. Casi no recordaba como se marcaba un número en uno de esos teléfonos que parecían sacados de un episodio de “Cuéntame”, aunque el suyo fuera inalámbrico. Contestó una voz femenina.

-          ¿Elena? – Preguntó Víctor.

-          Soy Carmen, Víctor, ¿No te has dado cuenta de que yo soy morena y ella rubia? – Respondió Carmen desde el otro lado de la línea con una risita. – ¿Quieres hablar con ella?

-          No, quería hablar con Luis. Me he despertado con bastante fiebre y no creo estar en condiciones de trabajar hoy. – Víctor pensaba que le estaba dando más explicaciones de las necesarias.

-          Lo siento, Luis no está. Salía esta mañana temprano para la capital. Tenía una reunión o algo así. Espera, te dejó una nota en tu mesa. – Víctor escuchaba el taconeo de Carmen mientras ésta se acercaba hasta su escritorio.

-          “He intentado llamarte. Te dejé un mensaje en el buzón. Salgo temprano para una reunión. Nos vemos el lunes. Si hay algo urgente, estaré disponible en el móvil”. Eso es todo Víctor. ¿Quieres que le llame por ti para decirle que no te encuentras bien?

-          No, muchas gracias Carmen. Voy a escuchar el mensaje y lo llamo yo. – De nuevo pensaba que le daba demasiadas explicaciones – Que tengas un buen día y un buen fin de semana. -  Y colgó. Seguramente, demasiado bruscamente.

Víctor intentó encender el móvil. Imposible, estaba totalmente descargado Es lo que pasa cuando no recibes ninguna llamada durante días y solo lo utilizas de tarde en tarde para consultar la hora, te olvidas que tienes un móvil y lentamente se le va muriendo la batería hasta no ser más que un pedazo de tecnología que cuelga de tu bolsillo. Lo dejó cargando y se dispuso a preparar el desayuno. No tenía el estómago para muchos excesos. Haría una versión resumida del desayuno tradicional. Un poco de zumo, una sola tostada, y un café tamaño industrial.

Ese ruido le resultaba molesto, muy molesto. Además, ahora tenía calor. El sol derramaba sus primeros rayos estivales a través de la ventana justo encima de la manta que había dispuesto en el sofá para disfrutar de una siesta post desayuno. Tenía mucho calor, pero lo peor era ese molesto ruido, ¿de donde salía?, por fin se calló. No, empezaba de nuevo. Víctor abrió los ojos y busco en la dirección del ruido. Era su móvil. Se apresuró a descolgar, pero llegó tarde. Lo había conseguido encender después de desayunar. El mensaje de Luis no decía nada distinto a lo que le escribió en la nota.

Consultó las últimas llamadas. 5 llamadas pérdidas desde la oficina y una de Elena. Le devolvió la llamada a ella.

-          Hola niña, ¿Cómo estás? – Le preguntó intentando parecer totalmente despierto y despejado.

-          Yo bien, ¿Cómo estás tú?, empezabas a preocuparme. Llevo como media hora llamándote.

-          No he pasado una buena noche. Me desperté con fiebre, he vomitado, en fin, estoy hecho un asquito. Bueno, ahora me encuentro mejor, quizá me duche y vaya a la oficina. – Dijo con absoluta convicción Víctor.

Elena reía desde el otro lado.

-          ¿En serio? – Y otra carcajada - ¿Vas a venir a la oficina ahora?, de camino párate y cómprate un reloj, por favor.- Elena no dejaba de reírse al otro lado del teléfono - Son las 12:15. Tres cuartos de hora más y será fin de semana. – Los viernes trabajaban únicamente hasta las 13:00, el resto de los días, hasta las 18:00, a no ser que hubiera trabajo pendiente. Pero los viernes nunca retrasaban la hora de salida. Era preferible ir el sábado por la mañana y echar un rato que trabajar un viernes por la tarde.- ¿Estás bien?, ¿Quieres que te lleve algo?, no vivimos tan lejos.

-          No gracias, estoy bien. Me prepararé algo para comer. – Víctor hablaba con seguridad.

Nuevas risas de Elena.

-          Vaya, si que voy a preocuparme de verdad por ti, ¿Tú, cocinar? Venga, dime, ¿chino, pizza o pollo?

Pizza les pareció la mejor opción. Disponía aproximadamente de hora y media hasta que llegara Elena. Tenía que poner un poco de orden en casa. No era la primera vez que ella le visitaba, pero siempre que lo hacía intentaba parecer un poco más ordenado de lo que en realidad era. No es que la casa estuviera muy mal, al menos no muy mal para ser una casa de chico. Ahora se sentía mejor, había descansado de veras, así que se puso manos a la obra. Quitar latas vacías, fregar platos, barrer un poco, hacer la cama (nunca se sabía), recoger la manta. En 15 minutos estaba todo listo. Todo menos el baño. Cogió el cubo de la fregona y se aseguró de que no quedaban más muestras de su cena del día anterior. Ahora sí, podía sentarse tranquilamente y encender su portátil.

Probó la misma combinación en google que la mañana del día anterior: "Significado soñar que no puedo hablar, iglesia, biblia". En casa la conexión era bastante mejor, así que en milésimas de segundo tuvo los 4.800.000 resultados, aproximadamente, delante de él. El primer enlace seguía siendo la del “psicólogo iluminado”. Fue pasando una a una las páginas de resultados, leyendo cada vez los diez enlaces y sus descripciones.

Llevaba 25 minutos pasando páginas y más páginas de resultados cuando llegó al enlace que buscaba. Se detuvo y leyó con atención. El pelo se le erizo, y tuvo la misma sensación de estar al borde de un infarto que el día anterior: "Que puede significar.....sueño que no puedo hablar.....iglesia….mientras todos mantenemos una pesada biblia con una mano". No podía creerlo. No lo había soñado. Bueno, sí que lo había soñado, el sueño, pero no el enlace. Era real. Pulsó el enlace y esperó a que se abriera.

Para su decepción, lo que se abrió fue una página de error: “La dirección introducida no existe o ha dejado de existir”. “Si ha dejado de existir, ya no existe igualmente”, pensó. Volvió atrás en el explorador, y le dio a la opción “abrir en nueva pestaña”. Mismo mensaje de error. Lo repitió 3 veces. No había forma. Volvió a la página de búsqueda. El enlace pertenecía a una web llamada “interpretación-sueños.com”. Fue a ella y lo intentó desde el buscador de la propia página. Nada, 0 resultados encontrados. Luego empezó a estudiar la distribución de la página, para intentar adivinar donde podría estar alojado el post que ahora se negaba a aparecer.

Después de leer varias interpretaciones de sueños de los más variados temas, desistió en su búsqueda. En su lugar, se propuso enviar un mensaje al servidor de la web para preguntar el motivo de borrar ese post. Para ello tuvo que registrarse. A los pocos segundos le llegó al correo la confirmación de que la cuenta estaba activa y pudo escribirles preguntando el motivo por el cual habían decidido borrar ese post, dando los motivos por los que él lo buscaba, e informándoles de que había tenido un sueño muy parecido. Enviar. Listo. Ahora, a esperar. Es todo lo que podía hacer.

Decidió abrir el Facebook para leer el mensaje de su hermano. Ahora eran dos los mensajes de su hermano que esperaban ser leídos. Empezó por el último:

“¿Qué haces?, ¿Estás bien?, confírmame si vas a venir mañana o no, y si vendrás acompañado o solo, ja ja ja”.

Muy gracioso este hermano mio. ¿Ir mañana a donde? No tenía ni la más remota idea de a qué se refería, ¿Había olvidado algo? Abrió el primer mensaje, el del día anterior.

“Hola, ¿Qué haces?, el sábado vamos a hacer una barbacoa en casa. Queremos montar la piscina pequeña y pensamos que a lo mejor querías venir a bañarte y jugar con las mellis. Confírmame si vienes (o venís, je je), seremos solo nosotros. Que tengas un buen día”.

¿Barbacoa mañana?, ¿Piscina con las niñas?, por supuesto que se apuntaba. En pocos segundos recibió varios emails.

Uaau, sin duda Víctor era una persona afortunada. En un instante había ganado un viaje, 300.000 €, un Audi TT, un empleo seguro en la administración y varias cosas más. También recibió varias invitaciones a grupos de Facebook. Es como si de repente hubieran abierto las compuertas de un enorme contenedor de basura spam. Se disponía a borrarlo todo, pero hizo algo que luego podría lamentar. Miró la hora, aun tenía 30 minutos hasta que llegara Elena, y no tenía nada más que hacer, así que cotilleó un poco en las páginas de Facebook a las que había sido invitado. Estúpidos juegos de fechas de cumpleaños y cosas así. Los correos no eran más divertidos, pero al menos el del viaje, cuando lo abrías, te mostraba unas fotos estupendas de un lugar paradisiaco. Una playa caribeña con sus palmeras incluidas. Por un momento casi cae en la tentación de reservar un viaje inmediatamente a ese lugar. Cerró los ojos y se imaginó paseando al atardecer por esas playas, pasando su brazo por encima de los hombros de Elena, oliendo su fragancia. Pero un sonido estridente le hizo salir de su ensoñación.

“¿Y ese nuevo ruido de donde sale? Sin duda es el sonido de una alarma o un teléfono, pero, ¿Cuál?”.

La mirada de Víctor dio un barrido completo alrededor de la habitación y luego se fijó en la dirección de donde provenía el sonido, y se descubrió mirando su propio teléfono fijo.

“De modo que así es como suenas, ¿No?”

Seguramente era la primera vez que sonaba en la historia, o al menos en los últimos “muchos” meses. Descolgó.

-          Sí, ¿dígame?

-          Hola, buenos días. – Dijo una voz masculina en un tono sumamente tranquila – ¿Hablo con Víctor Fernández?

-          Sí, soy yo, pero no estoy interesado en cambiar de compañía telefónica, de internet ni de electricidad – Contestó Víctor intentando parecer lo suficientemente enfadado como para que el comercial diera por perdida la venta, pero no tanto como para que requiriese una disculpa, que alargaría innecesariamente aquella conversación sin futuro.

-          No se trata de eso. Perdone, no me presenté. Puede llamarme – No pasó un segundo, pero la pausa fue evidente para Víctor: su interlocutor estaba inventándose un nombre – Juan.

Silencio.

-          Muy bien Juan, encantado de conocerle. ¿En qué puedo ayudarle? – Víctor intentaba parecer exageradamente cortés, por si se trataba de alguna broma.

-          La pregunta es, ¿En que puedo ayudarte yo, Víctor?, Es Usted quien quería hablar conmigo.

Abrir explorador cerebral, buscar “Juan”, otros parámetros de búsqueda: “creado en la última semana”. 0 Resultados.

-          Perdone, pero no sé de que me habla. – Ahora Víctor estaba totalmente desconcertado.

-          Víctor, has buscado varias veces mi post, has enviado un email a la web solicitando información acerca de él. Has escrito que tenías mucho interés en leerlo y hacer algunas preguntas. – Pausa, pero esta vez parecía que Juan sabía exactamente lo que iba a decir a continuación. – Pues muy bien, ya puedes preguntar. Te aconsejo que seas rápido y conciso en tus preguntas, no dispongo de mucho tiempo.


Escrito por: Jose

Ilustración: El Gran Gaby.

 

 

11:23:11 . 10 Feb. 2013
Admin · 987 vistas · 1 comentario

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http://esposible.hazblog.com/Es-posible-b1/VICTOR-FERNANDEZ-3-Capitulo-b1-p16.htm

Comentarios

Comentario de : Perez [ Visitante ]
Muy bien descritas las escenas escatológicas....podía olerlo.
   11/02/2013 @ 16:12:36

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