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Crónicas de Kingoué. Capítulo I. Preámbulo.


Durante los últimos meses he recibido mensajes de algunos de mis lectores más fieles pidiéndome una segunda parte del libro “Crónicas desde El Congo”. Como de alguna manera editar dicho libro cerraba la razón por la cual empecé a escribir las crónicas, es decir, contar a mis familiares y amigos (sí, uso el plural para la palabra amigos, soy así de optimista), no encontraba ese punto de inspiración o de ganas para continuar en esa línea. Sin embargo, desde hace un par de días me ronda la cabeza darle una continuación a Crónicas desde El Congo cambiando el sentido de la marcha y aprovechando para contaros el proyecto de Kingoué y como intentamos ayudar, dentro de nuestras posibilidades, a los menos afortunados de este país. Pero para ello debemos retroceder unos meses, para presentaros a algunos nuevos personajes.

Cuando por fin conseguí editar mi primer libro, Crónicas desde El Congo, y a pesar de que soy un tipo de naturaleza optimista, no pensé que fuera a agotar la primera edición en apenas dos meses, ni que fuera a hacer presentaciones del libro en librerías, bibliotecas, e incluso en prensa y televisión. Mucho menos me esperaba vender ejemplares en El Congo, más allá de a mis propios compañeros y jefe. Y así es como aparece el primer nuevo personaje, a la que le di el título honorífico de fan nº1. Milagros.

Milagros, Mili para los amigos, es una chica peruana que hace un par de años decidió acompañar al que ahora es su marido, Thibaud, un francés y estupenda persona (aunque me haga trampas a la petanca), hasta estas tierras hostiles. Como ella no tenía ni idea de cómo sería la vida aquí, decidió indagar por internet, y allí descubrió este blog, donde yo os iba colgando mis crónicas semanalmente. Y se enganchó. Se enganchó tanto al blog que su ahora marido, y entonces novio, me odiaba, y así me lo confesó él mismo cuando al fin nos conocimos. Yo no lo sabía, pero por lo visto existe una aplicación para saber cuándo subo un post nuevo en el blog, y esa alarma hacía que Mili dejara de hacer lo que estaba haciendo, ya fuera ver la tele, cenar con su pareja o lavarse los dientes, para correr al portátil para leer el nuevo post. Claro, eso al pobre Thibaud no le hacía mucha gracia. ¿Quién era ese Jose que tiene enganchada (sin saberlo) a mi novia? Afortunadamente todo se aclaró antes de que me conociera y tuviera la oportunidad de partirme la cara.

Cuando Milagros descubrió que había editado un libro con todas las entradas del blog y algunos capítulos inéditos, enseguida se puso en contacto conmigo. Me escribió por Facebook a las 6 de la tarde y a las 9 de ese mismo día ya estaba cenando con ella y pude entregarle su ejemplar del libro. Era la primera vez que conocía a alguien que me había conocido a mí previamente a través de mis aventuras, y la experiencia fue un poco extraña. Por suerte me he ido acostumbrando a que cuando empiezo a contar una de mis aventuras en el Congo me digan “no sigas, ya lo había leído”. Una sensación extraña esa de que te conozca gente que no conoces.

La segunda incorporación a mi grupo de fans (son dos en total) fue algo muy parecido. Sarai, una bailaora pamplonica de gran talento, escudriñó el universo internet para informarse sobre el Congo porque Javi, su novio y ya casi hermano mío, tenía una oferta de trabajo para venirse al Congo a trabajar y buscaban información acerca del país. Así que encontraron y compraron mi libro, lo leyeron, e insistieron tanto en La Opinión de Málaga para que les diesen mi contacto que finalmente le dieron mi número de teléfono. Y así empezó una relación telefónica que duró casi un mes, hasta que nos conocimos en persona ya en El Congo. Durante todas las llamadas que mantuvimos antes y durante las navidades, Sarai me planteó muchas dudas sobre la vida aquí. Javi sólo una, y quien le conozca, seguramente ya sabrá cual fue.


Javi y Sarai hicieron todo lo contrario a lo que hice yo cuando llegué a este exótico país. Si yo me escondí en mi trabajo y apartamento durante meses, ellos se echaron a la calle la misma noche que llegaron a Pointe Noire, a pie, saludando a unos y a otros, sin miedo y sin vergüenzas. Ellos son así, dicharacheros y directos, y la prueba está en que cuando yo llegué tres días después que ellos a Pointe Noire tras mis vacaciones navideñas, ya conocían a casi todas mis amistades aquí. En tres días, y a mí me había costado tres años….


Javi, aunque lo niegue, es un macho alfa, y le encanta organizar. De él y de su amigo Guilhem surgen los planes del domingo, que han cambiado bastante respecto a las tímidas aventurillas que teníamos Anna y yo al inicio de nuestro despertar en este país. Ahora vamos con neveras, sombrillas, cremas solares, picoteo, hamacas, mudas, y un sinfín de cosas que hace que parezcamos magrebíes de regreso a casa por vacaciones en vez de españoles que van a pasar un día de playa. Algún día os contaré alguna de estas aventuras, porque son siempre divertidas y casi siempre interesantes. Así como os contaré la semana de cumpleaños sorpresa, cuando celebramos los de
Sarai, Javi y Anna en solo 7 días, en distintos lugares, con distintos motivos, y siempre con el mismo resultado: tarta en la cara.


A pesar de que ya roza los 40, Javi es un pillo. No hay botella helada de agua que abra y no me eche por encima. No puede contenerse, es superior a él. Tan pillo es que cuando los domingos estamos en algún sitio, Sarai y yo nos ponemos nerviosos si no lo vemos. Como cuando tienes un niño. Igual. Como si fuéramos sus papis. Y es que somos casi una familia. De hecho, cuando tomamos una cerveza tomamos eso, una cerveza, que compartimos entre los tres, aunque después venga una segunda cerveza, que también compartiremos. Como decía el viejo refrán que me acabo de inventar “la familia que toma cerveza unida, permanece unida”.


Como digo, Javi y Sarai entablan conversación con muchísima gente, y eso me ha hecho conocer a personas muy interesantes. Uno de estos personajes es Karine, una congolesa de nacimiento pero alemana de adopción, que además vivió en Mexico y en España, por lo que habla bastante bien español. Eso hizo que Sarai se apoyara en ella mucho en ella al principio, pues llegó sin hablar francés (¡y 3 meses más tarde lo habla mejor que yo!). Sólo la historia de Karine daría para escribir una trilogía, pero intentaré resumirla. ¿Recordáis lo que era un chef du village? Una especie de rey de una aldea. Pues bien, su abuelo era chef de Hueso (apuesto a que no se escribe así), un village muy al norte del país, casi haciendo frontera con Camerún. Su padre pudo estudiar, se hizo ingeniero, y nunca vivió en la aldea, pero ella tiene sangre “azul”, y un familiar, no sé si un hermano, primo o tío de Karine, es el actual chef de Hueso. Ella es la “abuela” (grand-mère), a la que los habitantes del poblado le consultan dudas, le plantean litigios, y demás. Aunque Hueso se encuentre a miles de kilómetros de Pointe-Noire, algunas veces tiene que atender a algún habitante de esta aldea que le plantea sus problemas y le pide consejo. Y en eso es buena, da buenos consejos.


Hay otra cosa de Karine que aún no os he dicho. Karine es rasta. Sigue la cultura rasta (aunque no toma drogas; no lo necesita, creo que se cayó en la marmita de pequeña). Así que tenemos a una heredera congolesa criada en Alemania, México y España, que vuelve años después a su país, a miles de kilómetros de su aldea natal, para intentar medrar en su país de origen dentro de su espíritu rasta, es decir, sin dedicar la mayor parte del tiempo a trabajar. Visto así no son sorprendentes los “incidentes” que hemos tenido entre ella y la policía…. Finalmente hemos decidido no dejarla hablar cuando haya algún representante de la ley de este país cerca, porque se dedicaba a decirles algunas verdades que, por muy verdades que sean, cabreaban al agente en cuestión hasta hacer que la “multita” se vaya multiplicando con cada palabra de Karine. A pesar de que es una persona muy agradable y simpática, nos peleamos para NO llevarla en el coche, y evitar así bochornos policiacos.


Puedo hablaros brevemente de este grupito que han ido construyendo Javi y Sarai a su alrededor, al menos de los que han llegado hasta el momento en el que arrancan estas nuevas crónicas. Primero hay que hablar de Guilhem, jefe de Javi, y de su novia Aurelie, ambos franceses, y ambos buenas personas, aunque puedan parecer palabras antónimas. Desde el primer día esta pareja ha tomado a su cargo a “los niños” Javi y Sarai y los cuidan muy bien. Son muy aventureros y conocen muchísimos sitios nuevos para visitar. Además, son muy creativos. Por poneros un ejemplo, han preparado ellos mismos “las invitaciones de su boda” (se casarán en Junio). Las invitaciones consisten en unos billetes de avión, diseñados en su totalidad por ellos mismos, donde se pueden leer los típicos detalles de una invitación de boda, pero adaptadas a un billete aéreo. Hasta el más mínimo detalle.


Camil y Emilie son otra pareja de franceses que nos acompañan en nuestras aventuras domingueras. Camil es amigo de Guilhem desde tiempos universitarios, y es otro pillo a temer. Cuando Javi y Camil se juntan más te vale estar a buen recaudo.


También tenemos en el grupo una pareja argentina bastante atípica: no juegan al pádel, no comen asados y no bailan tango, a pesar de que son dos grandes bailarines de salsa. Silvia y Alfredo están también recién llegados al Congo, y me conocieron, cómo no, a través del libro “Crónicas desde El Congo”. Ella, además de una gran bailarina (y profesora) de salsa, es una gran cocinera.


Bueno, ya os presentado a mis fans 1 y 2 y al resto del grupo, pero me falta por presentaros a la pieza que une todo este puzle, y que no soy yo. Al mes de conocer a Milagros, es decir, en Noviembre de 2014, me dijo que una amiga suya, venezolana, le había sustraído su ejemplar de mi libro y que tenía muchas ganas de conocerme y hacerse con su propio ejemplar dedicado. Así que un domingo nos organizamos para conocer a Maria Elena en la Brasserie de la Mer, aprovechando que estaba allí para el cumpleaños del hijo de una amiga suya. La noche antes de reunirnos por primera vez, y como se le había echado el tiempo encima, se leyó el libro en sólo 4 horas, marcando un record que tardó 3 meses en ser superado, en este caso por un Embajador, pero eso es parte de otra historia. Maria Elena habla mucho, habla por los codos, y habla en todos los idiomas que conoce al mismo tiempo, pero como quiera que es interesante todo lo que dice, no puedes dejar de escucharla. Además de su ejemplar, me pidió algunos más para ver si podía colocárselo a alguna amiga suya, así que le solté los diez ejemplares que llevaba en el coche y, en el trayecto que iba desde mi coche hasta la playa, en menos de diez minutos, ¡Los había vendido todos! Incluso les vendió libros a franceses que no hablan y mucho menos leen español. No he tenido más remedio que concederle el título honorario de “mi comercial en El Congo”, y cada vez que regreso de España, le suelto más y más ejemplares que va vendiendo.


Esto ha hecho que la comunidad hispana en Pointe-Noire sepa de mí y quiera conocerme, y así es como llegamos al siguiente hito en el camino: María.

María es una murciana (con u, no me seáis malos) que vive y trabaja en Pointe-Noire desde hace algunos años. Su marido, está destinado aquí, aunque pronto se irán a trabajar a Gabón. Como por lo visto le sobra tiempo, a pesar de tener tres críos y un trabajo en el Liceo francés, ayuda, en la medida de sus posibilidades a orfanatos y obras sociales. Cuando María leyó mi libro y llegó a la parte que habla de la Iniciativa Málaga por El Congo, enseguida le pidió a Javi y a Sarai que nos reuniéramos para ver cómo podía ayudarnos con nuestra Iniciativa, que en realidad andaba un poco paradadurante los últimos meses.


La aventura que supuso traer y pagar el contenedor el Marzo de 2014 nos había quitado un poco las ganas de meternos en grandes transportes. Además, no veíamos con nuestros propios ojos dónde habían ido a parar tantos kilos de solidaridad malagueña. No me cabe duda de que Cáritas haría un buen uso de la mercancía donada, pero en estas cosas, cuando te asaltan las dudas, te fallan las fuerzas. Así que, siguiendo el consejo de Pedro Altamirano, un malagueño con un amplio currículum de ayuda a los más necesitados, nos concentramos en proyectos pequeños y realizables por nosotros mismos.


Así, descubrí que a sólo un par de kilómetros de donde vivo y trabajo hay un orfelinato estatal donde acogen a los niños de 0 a 3 años que son abandonados por sus padres y que ellos intentan entregar en adopción. En caso de que lleguen a los 4 años y no hayan sido adoptados, los transfieren al Centro de Asistencia a Menores de Mvou-Mvou, dependiente de Cáritas, pared con pared con mi casa, y del que seguro me habéis oído hablar alguna vez. Este orfelinato que recoge a los chiquillos de la calle, al ser estatal, tiene serios problemas para salir adelante, pues las “subvenciones” no llegan todos los meses, ni en la cuantía que sería necesaria. El centro, que además acoge una escuela para adultos y una guardería, estaba totalmente ruinoso. Mi jefe, al tener noticias de este centro, se puso manos a la obra y lo remodeló de arriba abajo con cargo a su propio bolsillo, y nosotros nos propusimos desde la Iniciativa Málaga por El Congo surtirles de ropa, alimentos, medicinas y juguetes. Y así, durante un par de meses, le pudimos entregar unos 150 kilos de ropa, medicinas y juguetes, principalmente. Emociona ver a los chiquillos, antes vestidos con ropas raídas, con ropitas que han pertenecido a tus propios hijos. Y dio la casualidad que casi terminando esta cooperación encontré, gracias a María, el proyecto que da nombre a estas nuevas crónicas.


María me habló el mismo día que nos conocimos de una amiga suya a la que ayuda para intentar mejorar las condiciones de vida de los más desfavorecidos de este país. Y cada palabra que me contaba de ella me convencía más de que tenía que conocer a este personaje. Y es que Jenny, que así se llama la amiga, es todo un personaje. Llegó de Italia hace un par de años para hacer un voluntariado en una aldea muy pobre del centro del país, y tanto le emocionó la experiencia que regresó a Italia, terminó sus estudios a la carrera, y se vino casi con lo puesto para ayudar en lo que pudiera. ¡Con 23 años y sola!


Después de pasar por un calvario para poder subsistir aquí mientras intentaba ayudar a los demás, con sueldos de 90 € al mes, tuvo la suerte de conocer a María, que le ayudo a consiguir un puesto de trabajo en la Escuela Italiana y un alojamiento digno. En este tiempo, casi dos años que lleva aquí ya, ha movido cielo y tierra para mejorar las condiciones de vida de todo lo que se pone por delante, y tiene ante sí un proyecto muy ilusionante: mejorar la vida de los habitantes de Kingoué, una región de unos 15.000 habitantes (aunque, siendo El Congo, esta cifra sube cada día, es lo malo de no tener tele) y extremadamente pobre. Al estar situada a 400 kilómetros de ambas capitales, lejos de la carretera que las une y de cualquier explotación forestal o petrolífera, los habitantes de esta región viven, únicamente, de lo que pueden recolectar. Como además en las ciudades pagan bastante más por los productos que allí se recolectan, muchos de estos alimentos no sirven para nutrir a los habitantes de la región, sino para enriquecer a los pocos que pueden permitirse llevarlos a grandes mercados. Sólo el 2% de estos 15.000 habitantes tiene un salario (enfermeros, profesores, carteros, etc). Salarios que no superan los 100 € al mes. Esto hace que la malnutrición y las enfermedades sean el pan nuestro de cada día. Mejor dicho, hacía, porque desde que el terremoto Jenny pisó esas tierras las cosas han cambiado bastante.


A través de su ONG Amici Del Congo, ha construido pozos, ha construido fuentes, ha construido letrinas, está construyendo la Casa del Cuore de Kingoué, un sitio que acogerá, cuando esté terminado, una escuela (no le dejan entrar a ayudar en la escuela estatal, donde los profesores apenas saben escribir, pues no quieren interferencias “extrañas”), una escuela para adultos (para enseñar costura, agricultura y oficios), una guardería (para que las madres puedan trabajar) y una casa de acogida para evitar situaciones como la acaecida con Louange. ¿No os he dicho quién es Louange? Que despiste.


Louange es un pequeño que tuvo la mala suerte de que su madre falleciera siendo el muy pequeñito y que su padre no lo reconociera al nacer. Como la madre era muy pobre y nadie quería hacerse cargo del niño, los abuelos decidieron enterrar a Louange junto a su madre y ahorrarse gastos innecesarios. Por suerte, un alma caritativa, amigo de Jenny, lo “secuestró” y se lo entregó a ella. Actualmente Jenny tiene la custodia legal del pequeño, y espera poder tener la adopción en breve. Lo conoceréis porque hay alguna foto suya con mi libro en Facebook. Somos malos Jenny y yo, nos aprovechamos de su inocente sonrisa para promocionar su causa y mi libro, pero lo hacemos por ayudar a otros. Tan malos no somos, ¿Verdad?


Además de construir infraestructuras y adoptar a niños huérfanos, Jenny tiene en marcha muchos programas para el desarrollo de la región. Por ejemplo, tiene un voluntariado de italianos que van a pasar sus vacaciones a Kingoué, pagado todo del bolsillo de cada uno, para enseñar a los niños a través de actividades lúdicas, o a los mayores a través de cursillos. Ha puesto en marcha un sistema de becas para que los niños que más interés demuestren reciban una maleta con todos los enseres necesarios para ir al cole y 20.000 Francos (unos 30 €) para poder pagar la matrícula de la escuela. Muchos de estos niños no irían jamás a la escuela si no fuera por la buena de Jenny.


También tiene un programa de microcréditos, a través del cual le conceden un crédito de 80 € principalmente a mujeres sin recursos para que, durante un año, puedan invertir en semillas, en alquilar un trozo de tierra y cultivarlo. Al año, deben reintegrar los 80 €, sin intereses, para que puedan entregárselos a otras persona y el programa siga su curso. Las afortunadas que consiguen este microcrédito se comprometen, a través del contrato que suscriben con Amici del Congo, a vender una gran parte de su recolección en los mercados locales, evitando así la fuga de alimentos y de recursos.


Jenny tenía fama de ser muy tímida (que no lo es tanto) y me costó un par de semanas llegar hasta ella, pero cuando lo hice, el flechazo “solidario” fue instantáneo, y decidimos unir nuestras fuerzas para potenciar su proyecto en Kingoué. Así que, de la mano, Iniciativa Málaga por El Congo y Casa del Cuore-Amici del Congo comienzan un camino que nos llevará a todos a ayudar al desarrollo de esta región tan pobre.


Bueno, pues ya sabéis por qué elegí el nombre Crónicas de Kingoué para estos nuevos capítulos y os podéis ir haciendo una idea sobre qué tratarán las nuevas historias. En unos días prometo volver para ir contando las novedades de este proyecto.


¡Sed buenos!


10:51:51 . 15 Avr 2015
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Comentarios

Comentario de : del Pino [ Visitante ] Sitio web
Que satisfacción mas grande tengo de tener amigos como tú, jose Ant. Segura, muchísimas gracias a ti y a todas estas personas tan Solidarias que trabajan por un mundo mejor. Gracias de corazón Amigo.
   26/04/2015 @ 11:13:57
Comentario de : Maria [ Visitante ]
No me dedico a labores sociales ni de beneficencia como hacéis tú y Jenny: sólo enseño italiano a los jóvenes de Mpaká. Tutto qua.
Ánimo y mucha suerte!
María
   20/04/2015 @ 10:04:38

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